¡Levanta tu taza, que el café negro es más que un despertador! Estudios respaldados por The New England Journal of Medicine y EASL The Journal of Hepatology revelan que el consumo diario de café, especialmente de grano arábica con tueste ligero a medio y sin aditivos, reduce la inflamación y fibrosis en personas con hígado graso. Es como un guardaespaldas para tu hígado.
Las investigaciones muestran que beber al menos dos tazas al día frena la progresión del daño hepático, desde fibrosis hasta cirrosis o carcinoma hepatocelular. Un estudio holandés de 2017, citado por EASL, encontró menos cicatrices hepáticas en bebedores regulares. La clave está en el tipo: el arábica orgánico, con más antioxidantes y menos cafeína, es el campeón. El tueste ligero preserva polifenoles que combaten el estrés oxidativo, y prepararlo con filtro maximiza beneficios sin grasas extra.
Nada de azúcar ni crema, por favor. Esos extras son como invitar a la grasa a una fiesta en tu hígado. Dos o tres tazas diarias es la dosis mágica, según los expertos. John Griffith Jones, de la Universidad de Coimbra, señala que los metabolitos del café ayudan a pacientes con sobrepeso y diabetes tipo 2 a reducir la gravedad del hígado graso no alcohólico. La cafeína y polifenoles, dice la Mayo Clinic, mejoran la homeostasis de glucosa y bajan riesgos.
Pero ojo, el café no es una varita mágica. Complementa con dieta sana, menos alcohol y control de peso. Superar dos cervezas o tragos al día es jugar con fuego hepático. Así que, mientras el hígado graso aumenta por malos hábitos, una taza pura puede ser tu aliado. Esto protege más que un filtro de Snapchat.


