En un giro más oscuro que un puck perdido en la noche, un tiroteo irrumpió este lunes en un partido de hockey de secundaria en Pawtucket, Rhode Island, cerca de Boston. Una niña pequeña perdió la vida y cuatro personas resultaron heridas en el Dennis M. Lynch Arena, dejando a todos con el corazón en un puño.
El Ayuntamiento de Pawtucket confirmó la muerte de la menor, según reportó la filial de CBS, WJAR. Lo que debería haber sido una noche de goles y aplausos se convirtió en una pesadilla cuando los disparos resonaron en la pista. La persona responsable de este acto ya no está entre nosotros, y las autoridades han asegurado que no buscan más sospechosos. Es como si el guion de una película de terror se hubiera colado en la realidad, pero sin un final feliz.
Este incidente llega apenas dos meses después de otro tiroteo en la Universidad de Brown, en la cercana Providence, donde un individuo mató a dos personas e hirió a nueve. Rhode Island, un estado más pequeño que el ego de un influencer, parece estar atrapado en un ciclo de violencia que nadie pidió ver en repetición.
La comunidad está en shock, y no es para menos. Un partido de hockey, un lugar donde los mayores dramas suelen ser un penalti injusto o un stick roto, se ha transformado en el escenario de una tragedia. Mientras las autoridades investigan, todos se preguntan cómo algo tan absurdo y devastador puede seguir pasando. ¿Cuándo cambiará el marcador de este juego mortal?


