Claudia Sheinbaum, en su clásica mañanera, dejó claro que México y Canadá están en plena luna de miel comercial, y que no hay necesidad de un “plan B” si el T-MEC con Estados Unidos se tambalea. ¿Divorcio comercial? Ni pensarlo, aunque admite que podrían venir algunos retoques al acuerdo.
Durante una misión comercial en la Ciudad de México, más de 370 líderes empresariales y 240 organizaciones se reunieron para apretar lazos. México y Canadá cocinaron un plan de acción bilateral que suena más ambicioso que un proyecto de Silicon Valley: menos trámites engorrosos, más inversiones privadas y cadenas logísticas reforzadas en minería, farmacéutica, inteligencia artificial y nuevas tecnologías. Marcelo Ebrard y Dominic LeBlanc, los cerebros detrás del encuentro, prometieron presentar este plan a Sheinbaum y al primer ministro canadiense Mark Carney para el segundo semestre de 2026.
Sheinbaum quiere más empresas canadienses invirtiendo aquí y que las mexicanas planten bandera allá. Ebrard, por su parte, soltó que México ya no solo exporta minerales, sino que quiere procesarlos. ¡A darle valor agregado, como si fuéramos chefs de alta cocina! Además, la agenda incluye diversificar exportaciones agroalimentarias y reforzar la seguridad en cadenas de suministro. Hasta la Real Policía Montada de Canadá aumentará presencia en su embajada para combatir delitos transnacionales.
El comercio bilateral se ha multiplicado por 12 en 30 años, y el Consejo Coordinador Empresarial y su contraparte canadiense firmaron un memorándum para seguir la fiesta. ¿El T-MEC en riesgo? Para Sheinbaum, es más sólido que un matrimonio por conveniencia. Que siga el romance con Canadá, porque aquí no hay plan de escape.


