Prepárense para la última misión de acción de Hollywood, pero en la vida real: las fuerzas armadas de EE. UU. atacaron tres lanchas de supuestos narcotraficantes en el Pacífico y el Caribe el lunes, dejando once almas menos en el censo marítimo. ¿El score? Cuatro en la primera embarcación, cuatro en la segunda, ambas en el Pacífico oriental, y tres en el Caribe, según el Comando Sur en la red X.
Desde septiembre, Washington juega a ser el sheriff del mar con su campaña anti-narcolanchas, acumulando un récord de 140 bajas en unos 40 ataques. Videos en X muestran el espectáculo: dos botes inmóviles y uno a todo gas, con gente moviéndose dentro antes de que los misiles convirtieran sus paseos en fuegos artificiales. El gobierno de Trump jura que esto es una guerra contra “narcoterroristas” latinos, pero las pruebas de que estas lanchas llevaban algo más que pescado son tan sólidas como un castillo de arena en huracán.
Críticos y expertos en derecho internacional gritan “¡falta!” desde la banda. Dicen que esto huele a ejecuciones extrajudiciales, ya que los objetivos no parecían una amenaza inmediata, algo así como cazar patos en un estanque con un bazooka. El gobierno se defiende recordando ataques a supuestos yihadistas en Yemen o Somalia, donde tampoco había peligro inminente. Mientras, su megaflota en el Caribe, liderada hasta hace poco por el portaaviones USS Gerald R. Ford, no solo persigue botes, sino que bloquea petróleo venezolano y hasta capturó a Nicolás Maduro, ahora de vacaciones forzadas en EE. UU.
Ahora que el Ford zarpa rumbo a Medio Oriente para flexionar músculo contra Irán, uno se pregunta: ¿esto es defensa nacional o un reality show con presupuesto militar? Porque entre narcos, bloqueos y amenazas, el Caribe parece más un set de “Piratas del Caribe 6” que un océano en paz.


