Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, soltó la bomba este miércoles: gracias a la vigilancia de la Sedena y la Guardia Nacional, que tienen el ojo más agudo que un halcón en el espacio aéreo, detectaron una aeronave clandestina en Oaxaca cargada hasta el tope de “polvos mágicos”.
Resulta que este avioncito no llevaba souvenirs de artesanías oaxaqueñas, sino 534 paquetes de cocaína, con un peso que supera la media tonelada. Harfuch explicó que esto equivale a millones de dosis que habrían terminado en las calles, convirtiendo vecindarios en un episodio de serie de narcos. El hallazgo es un golpe directo a los traficantes, que seguro ya están buscando un nuevo piloto para su flota de “envíos express”. La operación, fruto de un monitoreo constante del cielo nacional por parte de la Fuerza Aérea, demuestra que no hay escondite seguro para estos contrabandistas voladores.
Aunque los detalles aún están en proceso, el mensaje es claro: el narco quiso jugar a las escondidas en las nubes, pero la Sedena y la Guardia Nacional no están para juegos infantiles. Este decomiso no solo saca de circulación una cantidad obscena de droga, sino que manda una señal de que el cielo mexicano no es un parque de diversiones para avionetas sospechosas.
Mientras los traficantes se rascan la cabeza preguntándose cómo mejorar su “logística aérea”, Harfuch y compañía celebran un punto a su favor. ¿Será este el fin de los vuelos low-cost de la droga o solo un tropiezo en su ruta? Algo nos dice que el radar seguirá encendido.


