¡Sorpresa en el tablero internacional! El Vaticano ha decidido pasar de la “Junta de Paz”, el ambicioso proyecto de Donald Trump que empezó como un plan para supervisar la tregua en Gaza y reconstruir el territorio tras el conflicto entre Hamás e Israel. Ahora, esta junta, presidida por el propio Trump, quiere abarcar todo tipo de conflictos mundiales, generando sospechas de que busca ser una especie de ONU 2.0, pero con entrada VIP.
El cardenal Pietro Parolin, número dos de la Santa Sede, fue claro como el agua bendita: el Vaticano no participará. Aunque no detalló las razones, soltó que hay “cuestiones críticas” por resolver y que, para ellos, la ONU sigue siendo el árbitro oficial de las crisis globales. En otras palabras, no están para experimentos cuando ya hay un referee establecido. ¿Será que no quieren pagar la cuota de membresía?
Y hablando de cuotas, desde que Trump presentó su idea en el Foro Económico Mundial de Davos en enero, 19 países ya firmaron la carta fundacional. Pero aquí viene el gancho: los miembros permanentes deben desembolsar mil millones de dólares para sentarse en la mesa. Críticos dicen que esto parece más un club exclusivo que un organismo de paz, una especie de Consejo de Seguridad de la ONU versión “pague para jugar”.
¿Junta de Paz o negocio redondo? El Vaticano prefiere quedarse en la banca, observando cómo Trump intenta redefinir la diplomacia mundial con un modelo que suena más a suscripción premium que a solución global. ¿Quién dará el próximo “no”? El juego apenas comienza.


