¡Golpe diplomático desde Washington! El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció este miércoles restricciones de visado a 18 funcionarios iraníes, acusados de ser cómplices en «violaciones graves de Derechos Humanos» durante las protestas antigubernamentales en Irán. ¿El delito? Pisotear la libertad de expresión y reunión pacífica como si fuera un césped en mal estado.
Thomas Pigott, portavoz adjunto, soltó un comunicado más afilado que un cuchillo de chef, prometiendo usar todas las herramientas posibles para exponer y exigir cuentas por los abusos del régimen iraní. Con estas sanciones, ya son 58 los señalados en esta lista negra. Pigott reafirmó el “apoyo inquebrantable” de EE. UU. al pueblo iraní y sus demandas de “paz y dignidad”, dejando claro que defenderán su derecho a gritar lo que piensan sin que les apaguen el micrófono.
Además, acusó al régimen de desatar violencia y represión contra miles de manifestantes pacíficos, como si fuera un reality show distópico. Y no solo eso: impusieron un cierre de Internet tan brutal que dejó a los iraníes más aislados que un náufrago en una isla desierta, cortando su capacidad de documentar abusos y conectarse con el mundo. ¿Censura o blackout medieval? Ustedes juzguen.
Washington parece estar diciendo: “No van a entrar a nuestro club si siguen jugando sucio”. Mientras tanto, el pueblo iraní sigue en la cancha, luchando por su voz. ¿Será esto un empujón real o solo un tuit diplomático más? Algo me dice que esta partida entre EE. UU. e Irán está lejos de terminar, y el marcador sigue en rojo.


