¡Agárrense, que el culebrón del combustible tiene más giros que una telenovela de medianoche! Claudia Sheinbaum, presidenta de México, soltó la bomba este jueves en su mañanera: hay empresarios gringos metidos hasta el cuello en el “huachicol fiscal”, trayendo gasolina sin pagar impuestos. Y sí, algunos ya tienen boleto de extradición pendiente.
Resulta que los Jensen, una familia que hizo del contrabando su negocio estrella, están en el ojo del huracán. Estos genios invirtieron la ruta clásica Texas-México y amasaron 300 millones de dólares con ayuda del Cártel Jalisco Nueva Generación, a quienes pagaban su “cuota de protección”. Pero la fiesta se les acabó en abril, cuando las autoridades estadounidenses desmantelaron su imperio del combustible. Ahora, la Fiscalía General de la República (FGR) lleva las riendas de la investigación, y Sheinbaum dejó claro que no soltará nombres… por ahora. Eso sí, confirmó que hay detenciones pendientes y que el caso sigue abierto como caja de Pandora.
Por si fuera poco, también se destaparon audios sobre una supuesta reunión del exsecretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán, con un contraalmirante. ¿Investigación contra él? Ni madres, dice Sheinbaum. Sin embargo, algunos miembros de Marina ya cayeron por este desmadre, denunciados por el propio almirante. Mientras, la presidenta presumió un arma secreta contra el huachicol: pipas con códigos QR. Sí, como si fueran boletos de concierto. Escaneas, y sabes de dónde viene y a dónde va el combustible. Si no hay QR, la Guardia Nacional te para más rápido que un pedo en un elevador.
Total, con trazabilidad a todo lo que da, el SAT, Pemex y hasta la Secretaría de Energía están jugando a los detectives. Sheinbaum jura que el transporte ilegal ha bajado como drama en WhatsApp. ¿Será que el QR es la kriptonita del contrabando o solo un sticker bonito? Esto huele más sospechoso que gasolina en oferta.


