¡Agárrense, que esto parece guion de Hollywood! Omar García Harfuch, mandamás de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, soltó la bomba: la Marina y la Armada de México atraparon un semisumergible en Manzanillo, Colima, cargado con 179 bultos de cocaína, unas cuatro toneladas de polvo blanco. Tres pillos fueron pescados en el acto, seguramente preguntándose si Netflix hará una serie de su vida.
En las últimas semanas, las operaciones marítimas han sido un dolor de cabeza para los narcos, con casi 10 toneladas de cocaína confiscadas. Eso es un golpe financiero más duro que olvidarte el PIN de tu tarjeta en un antro. Harfuch presume que esto evita millones de dosis en las calles, salvando familias y arruinando fiestas clandestinas. Además, compartió fotos y un video del momento épico, digno de un TikTok viral con filtro de acción.
No es todo: el martes pasado, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional detectaron una avioneta clandestina en Oaxaca con más de media tonelada de cocaína, 534 paquetes para ser exactos. Y días antes, al oeste de la Isla Clarion, a 700 kilómetros de tierra firme, la Marina, junto con la Guardia Costera de EE. UU., hizo el decomiso más grande del 2026: un barco con 188 bultos de droga y cinco detenidos, todo fuera de la Zona Económica Exclusiva. Un operativo binacional más coordinado que una coreografía de K-pop.
Esto es cooperación marítima al estilo de “Rápidos y Furiosos: edición oceánica”. Mientras los narcos buscan nuevas rutas, la Marina les dice: “No tan rápido, amigos”. ¿Próximo capítulo? Tal vez un dron narco o un tiburón mensajero. Con estas operaciones, el crimen organizado debe estar buscando un terapeuta marítimo.


