En un giro digno de una telenovela de palacio, el expríncipe Andrés fue arrestado este jueves en Norfolk por sospechas de mala conducta en un cargo público, ligado a sus turbios vínculos con Jeffrey Epstein mientras era representante especial de Reino Unido para el Comercio Internacional. Coincidiendo con su 66 cumpleaños y el de Carlos III, el drama no podía ser más shakesperiano.
La policía de Thames Valley confirmó la detención de un “hombre de unos sesenta años” sin nombrarlo, aunque todos sabemos de quién hablamos. Liberado bajo investigación tras registros en Royal Lodge en Windsor y su nueva residencia en Sandringham, Andrés fue captado por la BBC saliendo de una comisaría, con cara de quien vio un fantasma real. Este delito, ojo, podría acarrear cadena perpetua según la Fiscalía de la Corona. Carlos III, imperturbable, dijo que la justicia seguirá su curso mientras inauguraba la Semana de la Moda en Londres, como si nada.
Los documentos recién destapados sugieren que Andrés compartió informes confidenciales con Epstein sobre inversiones en Afganistán y viajes a China, Singapur y Vietnam entre 2001 y 2011. A esto se suman acusaciones de agresión sexual de Virginia Giuffre, quien se suicidó en 2025, y otras mujeres que señalan encuentros forzados. Hasta Trump, desde el Air Force One, lo llamó “muy triste” para la familia real.
Ciudadanos británicos como Emma Carter, abogada, celebran el arresto como un golpe a los privilegios. Mientras, la fiscalía también indaga a Peter Mandelson por nexos con Epstein. ¿Justicia o circo real? Esto tiene más intriga que un episodio de “The Crown”.


