Donald Trump, desde la comodidad del Air Force One, lanzó una bomba verbal contra Barack Obama, acusándolo de haber revelado información “clasificada” sobre vida extraterrestre. “Se supone que no puede hacer eso”, gruñó Trump a los reporteros, refiriéndose a las declaraciones de su predecesor que han desatado un frenesí en las redes más grande que un avistamiento de OVNI en un pueblo perdido.
Todo empezó en un pódcast la semana pasada, donde Obama, con la calma de quien pide un café, dijo al presentador Brian Tyler Cohen que cree que los extraterrestres son reales, aunque no vio pruebas durante su mandato (2009-2017). “No los tienen guardados en el Área 51, ni hay una instalación subterránea… a menos que me hayan engañado con una conspiración épica”, bromeó, echando gasolina a las teorías de sombrero de aluminio. Las redes sociales explotaron, y Obama tuvo que aclarar en Instagram el domingo que solo estaba manteniendo el tono ligero. “Estadísticamente, es probable que haya vida allá afuera, pero las distancias son enormes y no vi evidencia de contacto alienígena. ¡De verdad!”, escribió, intentando apagar el fuego.
Trump, sin aclarar qué parte de esto era “clasificada”, insistió en que Obama metió la pata hasta el fondo. Cuando le preguntaron si él cree en marcianos, se encogió de hombros con un “no sé si son reales o no”. ¿Es esto un drama de seguridad nacional o una pelea de patio sobre quién sabe más de ET?
Mientras tanto, los conspiranoicos están más emocionados que un niño con dulces. ¿Tiene Obama un amigo alienígena en su agenda o es solo Trump buscando un titular? Esto está más confuso que un mapa estelar sin GPS.


