En un drama comercial que parece sacado de un reality show, Donald Trump anunció un nuevo arancel global del 10% por 150 días, amparado en la Sección 122 de la ley de comercio de 1974. Esto, tras un revés de la Corte Suprema de EE. UU. que declaró inconstitucionales algunos de sus gravámenes previos.
Desde México, Marcelo Ebrard, titular de la Secretaría de Economía, respondió con la calma de quien pide un café mientras el mundo arde. Tras la Primera Sesión Ordinaria del Comité Promotor de Inversiones, recomendó “sangre fría”, como si estuviera citando a la presidenta Sheinbaum. Ebrard aclaró que el impacto de estas medidas aún está por verse, recordando que el 85% de las exportaciones mexicanas no pagan aranceles. “Esperemos a ver qué saca Trump de la manga antes de entrar en pánico”, dijo, más o menos.
Trump, por su parte, se mostró “profundamente decepcionado” en una conferencia, como un niño al que le quitan su juguete favorito. La Corte Suprema, con un fallo de 6 a 3, tumbó sus aranceles “recíprocos” globales, aunque no le cierra del todo la puerta a imponer otros bajo leyes distintas. Sus asesores ya buscan resquicios legales para mantener el circo arancelario en marcha.
Mientras tanto, Ebrard planea viajar a EE. UU. la próxima semana para descifrar este enredo y confirmar si México sigue en el juego o si toca ajustar las piezas. Prometió claridad en tres o cuatro días. ¿Será un duelo de calculadoras o un apretón de manos? Esto está más tenso que un Black Friday sin descuentos.


