Nikolay V. Sofínskiy, embajador de Rusia en México, soltó la lengua en una entrevista con El Economista sobre la guerra en Ucrania, o como él insiste, una “operación militar especial”. A cuatro años del conflicto, asegura que Rusia no está aislada y que la paz duradera solo llegará si se reconocen “nuevas realidades territoriales”. ¿Aislamiento? Ni en sueños, dice.
Según Sofínskiy, esto no es una guerra entre estados, sino una respuesta forzada a la agresiva política occidental que buscaba transformar territorios cercanos en entidades antirrusas y borrar la identidad de la población rusoparlante. Afirma que han protegido a quienes sufrían violaciones de derechos y detenido procesos destructivos, aunque reconoce que no todos los objetivos se han cumplido. Su mayor error, admite, fue confiar en promesas de Occidente, como no expandir la OTAN, y en negociaciones como las de Minsk. El logro, asegura, es cambiar el pensamiento geopolítico occidental, empujando un mundo multipolar.
Sobre la paz, Rusia no acepta un simple alto el fuego, ya que dice que Ucrania usó treguas pasadas para rearmarse. Exigen desmilitarización, desnazificación y un estatus neutral para Ucrania, además de garantizar derechos a rusoparlantes. Si no hay acuerdo, advierte que tienen fuerza para seguir peleando el tiempo que sea necesario. En cuanto a México, valora su postura “equilibrada” y su rechazo a sanciones o envío de armas.
Sofínskiy pinta un Rusia fuerte, unida y reestructurada pese a sanciones, con una sociedad consolidada y un modelo económico autosuficiente. ¿Mensaje final? El mundo debe basarse en derecho internacional, no en reglas de unos pocos. Parece que Rusia no solo quiere paz, sino reescribir las reglas del juego global.


