En un encuentro que bien podría ser el guion de una buddy movie diplomática, el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente se reunió el 16 de febrero con Sara Carter, jefa de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de EE. UU. ¿El objetivo? Fortalecer la cooperación contra las drogas y el tráfico de armas, todo con un lema de “somos socios, no subordinados”.
La Secretaría de Relaciones Exteriores presumió en redes sociales que el diálogo, celebrado con la presencia de Roberto Velasco, subsecretario para América del Norte, y el embajador estadounidense Ronald Johnson, fue un éxito. Ambos países intercambiaron ideas para campañas de prevención y concientización, como si estuvieran planeando un TikTok viral para alejar a los jóvenes de las drogas sintéticas. El foco principal fue el fentanilo, esa sustancia que ha causado más drama que un reality show.
Además, se comprometieron a desmantelar cadenas de suministro ilícitas y a frenar el tráfico de armas, un problema tan enredado que parece un rompecabezas de mil piezas. Según el reporte oficial, esta estrategia ya ha salvado vidas, debilitado a las organizaciones criminales transnacionales y protegido comunidades a ambos lados de la frontera. ¡Eso es más impacto que un influencer con un filtro nuevo!
Así que, mientras De la Fuente y Carter se daban la mano, queda claro que esta alianza busca ser más efectiva que un antivirus contra malware criminal. ¿Lograrán mantener el respeto mutuo y la soberanía intacta? Esto pinta para más episodios que una serie de Netflix en temporada alta.


