¡Otra vez la misma película! México vivió el 22 de febrero de 2026 un déjà vu violento con la captura de «El Mencho», líder narco, en un operativo que parece sacado de un refrito de Hollywood. No es novedad: ya vimos este drama con «El Mayo» Zambada en 2024 y con «El Chapo» Guzmán en 2016. Cambian los nombres, pero el caos sigue igual.
Desde la academia mexicana se grita a los cuatro vientos que “descabezar cárteles” no frena el narcotráfico, sino que lo empeora, dejando a comunidades vulnerables como emprendedores locales y jóvenes de escasos recursos pagando el precio en estados asediados por la violencia. La narrativa gringa de que unos pocos narcos mexicanos son los genios malignos detrás de imperios multimillonarios sigue guiando la estrategia de seguridad, y el resultado es un bucle de sangre y balas. ¿El Mencho fuera? Genial, pero el tráfico sigue como si nada.
La crítica apunta al norte: los verdaderos capos del crimen organizado no están en México, sino en países como Estados Unidos, donde se lavan las ganancias y se fabrican las armas que terminan en manos criminales. Mientras México pone los muertos, EE. UU. pone las herramientas y se lava las manos con hipocresía. Y ni hablemos de cortinas de humo: ¿casualidad que esto pase tras el escándalo del expríncipe Andrés y las conexiones de Trump con el caso Epstein? Algunos analistas, como Eduardo Guerrero, sospechan de la “ayuda” de inteligencia yankee en el operativo.
¿Y ahora qué? Más violencia, ajustes de poder y drogas cruzando la frontera. El Mencho será reemplazado, y seguiremos atrapados en esta guerra fallida contra las drogas mientras los verdaderos intocables miran desde arriba. ¿Progreso? Más bien parece un chiste de mal gusto.


