El Departamento de Defensa, bajo el mando de Pete Hegseth, ha decidido cortar lazos con universidades de élite como Yale, Brown, MIT y Princeton, siguiendo el golpe previo a Harvard. ¿La razón? Según Hegseth, estas instituciones no educan, sino que adoctrinan con un cóctel tóxico de “justicia social” que debilita a los militares.
En un video que parece sacado de un reality de conspiraciones, Hegseth acusó a estas universidades de ser criaderos de ideas “woke” que atacan los valores de los combatientes estadounidenses. “No vamos a mandar a nuestros soldados a estudiar cómo ser activistas de salón”, dijo, mientras anunciaba que ya no financiarán posgrados en estos templos del supuesto adoctrinamiento. Además, lanzó una revisión de los colegios de guerra para transformarlos en fábricas de “líderes letales”, no de debates de café. Y no es todo: también recordó su cruzada contra Harvard por supuestos vínculos con el Partido Comunista chino y por tolerar ataques a judíos en su campus.
Por si fuera poco, Hegseth, respaldado por las órdenes ejecutivas de Trump, ha eliminado programas de diversidad e inclusión, argumentando que son un circo de discriminación racial y sexual. También quiere militares con barbas cortas, cuerpos de acero y cero “delirios de género”. Amnistía Internacional, por su parte, ya levantó la bandera roja, alertando sobre un retroceso en derechos humanos que podría contagiarse más allá de las fronteras.
En fin, mientras Hegseth juega a ser el general de la cultura anti-woke, uno se pregunta si el próximo paso será prohibir el café descafeinado por no ser lo bastante “duro”. Esto promete más drama que una telenovela militar.


