¿Guerra o reality show? Este miércoles, las fuerzas israelíes irrumpieron en el sur de Líbano como si buscaran el control remoto perdido, mientras bombardean sin parar. Es el tercer día de rifirrafe con Hezbolá, el grupo proiraní que jura no rendirse ni aunque les corten el Wi-Fi.
La bronca empezó el lunes cuando Hezbolá atacó Israel para «vengar» la muerte del líder iraní Alí Jamenei, caído en un operativo israeloestadounidense. Israel contraatacó con todo, desde cohetes hasta drones, apuntando a bases de Hezbolá al sur del río Litani y hasta una fábrica de drones que suena más a start-up tecnológica. Resultado: 72 muertos, 437 heridos y 83,000 desplazados, según Líbano. Mientras, Hezbolá presume de ataques con drones a industrias aeroespaciales en Israel y un misil «de precisión» a una base norteña, como si estuvieran jugando Call of Duty.
Por tierra, Israel avanzó en Jiam, a seis kilómetros de la frontera, con tres divisiones que parecen sacadas de una película de acción barata. La ONU, desde la FPNUL, chilla que esto viola la soberanía libanesa, pero ambos bandos se enfrentan como en un ring de lucha libre. Dos soldados israelíes salieron con rasguños por fuego antitanque, y el líder de Hezbolá, Naim Qassem, grita que no se rendirán ni por un millón de likes.
Israel sigue bombardeando, desde Baalbek hasta un hotel en Hazmieh, que ahora parece decorado por un huracán. ¿Desarme de Hezbolá o reality de demolición? Esto tiene más drama que un episodio de tu serie favorita.


