Donald Trump ha decidido que no solo es presidente de Estados Unidos, sino también el nuevo cazatalentos de líderes supremos en Irán. Este jueves, insistió en que debe tener voz en la elección del sucesor del ayatolá Alí Jamenei, asesinado en un ataque israelí el sábado. ¿Su veredicto sobre Mojtaba Jamenei, hijo del difunto líder? Un «peso ligero» que no pasa el casting.
En una charla con Axios, Trump comparó su influencia con la de Venezuela, donde dice haber moldeado la cooperación de Delcy Rodríguez tras derrocar a Maduro. Ahora quiere un líder iraní que traiga «armonía y paz», como si estuviera buscando al próximo Dalai Lama en Teherán. Advirtió que, sin un títere favorable a Washington, la guerra regresará en cinco años. ¿Cómo planea meterse en una decisión de clérigos chiitas antiestadounidenses? Ni idea, pero Trump parece listo para negociar con alguien dentro del régimen, en lugar de tumbarlo todo.
Mientras tanto, Reza Pahlavi, hijo del antiguo sah, anda proponiendo volver como figura de transición para convertir Irán en una democracia laica. También dijo que cualquier nuevo líder supremo será ilegítimo. Drama total: un exiliado, un magnate metiche y un hijo cuestionado peleando por el trono teocrático.
Honestamente, esto suena como un reality show malo donde Trump grita «¡Estás despedido!» a clérigos confundidos. ¿Próximo episodio? Trump enviando un tuit con su candidato favorito mientras los ayatolás le responden con memes de gatos furiosos. Si esto es diplomacia, que alguien traiga palomitas porque el circo apenas empieza.


