El Senado de Estados Unidos decidió este jueves que Donald Trump puede seguir jugando a los soldaditos contra Irán sin frenos. Con una votación de 52 a 47, la mayoría de los senadores rechazó una resolución bipartidista que buscaba detener la guerra aérea y exigir que cualquier acción hostil contra la república islámica fuera autorizada por el Congreso. En una cámara de 100 miembros, con 53 republicanos y 47 demócratas, el resultado fue más ajustado que un partido en tiempo extra, pero suficiente para que Trump mantenga el control del joystick bélico.
La resolución, impulsada por el demócrata Tim Kaine y el republicano Rand Paul, pretendía sacar a las fuerzas estadounidenses de las hostilidades con Irán, como quien intenta apagar un incendio con una manguera de jardín. Sin embargo, la mayoría optó por dejar que el presidente siga con su campaña militar, como si fuera un reality show donde el rating sube con cada explosión.
Esto significa que Trump tiene carta blanca para continuar su ofensiva, sin necesidad de pedir permiso a los legisladores. ¿Un cheque en blanco para más misiles o una estrategia maestra que nadie entiende? Mientras los senadores debaten, el cielo sobre Irán sigue siendo un tablero de ajedrez con drones y bombas. La resolución quedó en el cajón, y con ella, la esperanza de algunos de ponerle un alto a este videojuego geopolítico.
Que alguien prepare las palomitas, porque esta serie de «Trump contra Irán» no parece tener un final feliz en el horizonte. Con el Senado de su lado, el presidente podría estar planeando el próximo episodio. ¿Próxima parada? Más ruido de aviones y menos diplomacia. Esto pinta más intenso que un cliffhanger de temporada.


