Donald Trump soltó una bomba diplomática ayer, 5 de marzo, al reclamar desde Miami el derecho de EE. UU. a meterse en la elección del próximo líder de Irán. Mientras, la guerra se recrudece con ataques aéreos de EE. UU. e Israel sobre Teherán y nuevos bombardeos en el Golfo Pérsico. ¿Diplomacia? Más bien un reality show.
En una entrevista con Reuters, Trump descartó a Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido líder supremo Alí Jamenei, como sucesor, tildándolo de improbable. «Queremos participar en elegir quién liderará Irán», dijo por teléfono, como si fuera un casting para su próximo Apprentice. Insistió en alguien «bueno para el pueblo y el país», aunque no aclaró si piensa votar por correo. Esto, mientras Israel advertía a residentes evacuar el este de Teherán y explosiones retumbaban en la capital, según medios iraníes. Mohammadreza, un local de 36 años, describió el caos: «Es una zona de guerra, no tenemos adónde ir», con voz temblorosa al teléfono.
Sirenas sonaron en Israel, Dubái y Abu Dabi, y en Baréin bomberos apagaron un incendio en una refinería tras un misil iraní. Azerbaiyán, nuevo en este circo, acusó a Irán de ataques con drones, cerrando su espacio aéreo sur por 12 horas. Teherán lo niega, pero esta guerra, ya en su sexto día, se extiende más rápido que un rumor en redes. Desde la muerte de Jamenei el sábado, el conflicto es un dominó descontrolado.
Con 1,230 muertos en Irán, incluidas 175 alumnas en Minab, y 77 en Líbano, según la Media Luna Roja y el Ministerio de Salud libanés, el panorama es sombrío. ¿Logrará Trump su cameo en la política iraní o solo avivará más fuego? Esto está más loco que un guion de Hollywood.


