Mientras el conflicto en Oriente Medio entra en su sexto día, Washington presume haber hundido más de 30 buques iraníes desde que comenzó la ofensiva el sábado. También afirman que los ataques con misiles balísticos y drones de Teherán han bajado de intensidad, como si Irán se estuviera quedando sin pilas. Pero el fuego sigue ardiendo en esta olla a presión regional.
En paralelo, el ejército israelí anunció que empezó a bombardear infraestructura de Hezbolá en Dahieh, un suburbio al sur de Beirut, tras advertir a los residentes que evacuaran. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, aseguró en un mensaje televisado que la guerra entra en una “nueva etapa” tras una exitosa fase de ataque sorpresa. “Seguiremos desmantelando al régimen iraní y sus capacidades militares. Aún tenemos sorpresas”, dijo, sonando más como un mago que como un militar. Los bombardeos en Líbano ya dejaron al menos 123 muertos, según el Ministerio de Salud, y el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, advirtió que los suburbios de Beirut podrían quedar como Gaza: pura devastación.
Desde Teherán, el canciller Abbas Araghchi cerró la puerta a negociar con EE. UU. o aceptar un cese al fuego. Aunque descartó cerrar el estrecho de Ormuz, vital para el crudo y gas, dejó caer un “todas las opciones están sobre la mesa” más ambiguo que un horóscopo. Sin embargo, Donald Trump insiste en que Irán busca un acuerdo, como si estuviera leyendo un guion diferente.
Al final, este conflicto parece una partida de Risk donde nadie cede. ¿Habrá realmente un acuerdo en el horizonte, o solo más “sorpresas” explosivas? Esto está más enredado que un cable de audífonos en el bolsillo.


