¡Agárrense los sombreros, que la Armada de México hizo de las suyas en alta mar! A más de 200 millas náuticas al sur-suroeste de Acapulco, Guerrero, nuestros héroes navales incautaron unas dos toneladas de presunta cocaína, empacadas en 80 bultos que flotaban como boyas de narco-fiesta.
Este operativo, digno de una película de acción de bajo presupuesto, fue un golpe directo a las carteras de los grupos delictivos. Con inteligencia naval, aeronaves, una patrulla oceánica y una embarcación menor, localizaron el cargamento como si fuera un tesoro pirata, pero con menos ron y más problemas legales. Los bultos serán entregados al Ministerio Público para que armen el caso, mientras el buque regresa a puerto con más drama que un reality show. La Marina, junto a la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, coordinaron este zarpazo que deja a los narcos con menos efectivo que un millennial en quincena.
No contentos con este decomiso, la Marina también desmanteló un laboratorio clandestino en Petatlán el pasado 7 de marzo. Ahí, confiscaron 300 kilos de metanfetamina, 24 mil litros de precursores químicos y 20 mil kilos de sustancias sólidas, básicamente el kit completo para una química del mal. Fuentes dicen que “Los Arreola” podrían producir 6.7 toneladas al mes, valuadas en 95 millones de dólares. ¡Eso es más plata que un influencer vendiendo cursos!
En resumen, la Armada está cortando el suministro narco como un chef con prisas. ¿Resultado? Menos polvo en las calles y más dolores de cabeza para los capos. Esto es mejor que un chiste de bar: ¡es un golpe real!


