¡Explosiones y drama en alta mar! El Ejército de Estados Unidos anunció este 10 de marzo la destrucción de 16 buques minadores iraníes cerca del estrecho de Ormuz, tras reportes de que Teherán estaba sembrando explosivos submarinos en esta arteria vital por donde pasa el 20% del crudo mundial. Es como si Irán quisiera jugar al “Buscaminas” con el suministro global de petróleo, y EE. UU. dijo: “Ni lo piensen”.
Más temprano, Donald Trump lanzó una advertencia más ardiente que un tuit a medianoche. Prometió “consecuencias militares de un nivel jamás visto” si Irán no retira cualquier mina colocada, pero también ofreció una zanahoria: si desisten, sería “un paso gigantesco en la dirección correcta”. Mientras tanto, la Casa Blanca tuvo que apagar un fuego propio al desmentir que escoltaron un petrolero por el estrecho, luego de que el secretario de Energía publicara y borrara una afirmación al respecto en redes. ¡Alguien necesita un curso de redes sociales!
Por otro lado, en Irán, la Guardia Revolucionaria impuso a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo, viéndolo como una versión más manejable de su padre. Fuentes de alto rango dicen que esto podría significar una política más agresiva en el exterior y un puño de hierro interno. Es como elegir al primo serio para liderar la fiesta, pero con misiles de por medio.
En resumen, el estrecho de Ormuz sigue siendo un polvorín flotante. Entre minas, amenazas y cambios de mando, esto parece más un reality show que una crisis geopolítica. Si tienes un barco por ahí, mejor busca otra ruta, porque esto está más tenso que un cable de alta tensión.


