¡Sorpresa caribeña! Cuba anunció que permitirá a sus ciudadanos en el extranjero, incluidos los que viven en Estados Unidos, invertir y ser dueños de negocios en la isla. Un giro más inesperado que un plot twist en una telenovela, justo cuando La Habana admite estar charlando con el gobierno de Donald Trump.
Oscar Pérez-Oliva Fraga, vice primer ministro y jefe de Comercio Exterior, soltó la bomba en una entrevista con NBC News. Dijo que Cuba está “abierta a una relación comercial fluida” con empresas gringas y con los cubanos exiliados, un tema espinoso para el gobierno comunista que siempre ha visto a esta comunidad con ojos de desconfianza. Desde 2021, los cubanos en la isla pueden tener negocios privados, pero los de fuera estaban vetados. Ahora, los exiliados podrán asociarse con entidades públicas o privadas, crear sus propias empresas y hasta abrir cuentas bancarias sin límites. ¡Más de un millón de emigrados desde 2021 deben estar sacando calculadoras!
Mientras tanto, Trump presiona para que Miguel Díaz-Canel salga del poder, según The New York Times, que cita fuentes sobre negociaciones en curso. Los estadounidenses habrían dicho a Cuba que el presidente debe irse, aunque dejan el “cómo” a los locales. Y Trump, fiel a su estilo de magnate reality, declaró desde el Despacho Oval que espera “tener el honor de tomar Cuba” o “liberarla”, añadiendo que puede “hacer lo que quiera”. ¿Un comentario casual o un plan en marcha?
Esto huele a un juego de ajedrez tropical con fichas de alto voltaje. ¿Será que los exiliados revitalizan la economía cubana o que Trump se pone el sombrero de conquistador? La salsa de esta historia promete más picante que un mojito con extra de ron.


