¡Agárrense, que esto parece guion de película de acción barata! Aviones israelíes bombardearon el centro de Beirut en la madrugada del miércoles, dejando edificios de departamentos como si fueran castillos de naipes en un huracán. Es la escalada más intensa en décadas en la capital libanesa, mientras la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán se pone más caliente que un microondas olvidado.
Israel, no contento con solo apretar botones, eliminó al jefe de seguridad iraní, Ali Larijani, y al ministro de Inteligencia, Esmail Khatib, en ataques que parecen sacados de un videojuego de francotiradores. Teherán, furioso, lanzó misiles con múltiples ojivas contra Israel, dejando dos muertos cerca de Tel Aviv. Pero Irán jura que esto no los frena, con su canciller Abbas Araqchi diciendo que su sistema es más sólido que un Nokia 3310. Mientras, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, rechaza cualquier propuesta de paz: quiere a EE. UU. e Israel de rodillas.
En Beirut, el barrio de Bachoura fue arrasado tras una advertencia de Israel sobre un supuesto edificio de Hezbolá. Otros ataques sin aviso mataron a 10 personas en el centro. En Israel, un misil iraní abrió un cráter en Holon, cerca de Tel Aviv, y en Líbano, una ofensiva terrestre suma 900 muertos y 800,000 desplazados. Los precios del gasóleo en EE. UU. superan los 5 dólares por galón, y Trump debe estar sudando más que en un debate perdido.
Esto no pinta bien. Con el estrecho de Ormuz casi cerrado y el petróleo por las nubes, el mundo está más tenso que un reality de eliminación. ¿Alguien dará el primer paso para calmar esto, o seguiremos viendo explosiones como si fuera un show de fuegos artificiales eterno?


