¡Se acabaron los popotes de fiesta en Cuernavaca! Desde 2019, Morelos le declaró la guerra a los plásticos de un solo uso, y ahora la capital morelense está apretando el tornillo con inspecciones más feroces que un guardia de antro. Los comercios que no se alineen a la normativa ambiental podrían enfrentarse a multas de hasta 9 mil pesos, suficientes para hacerte pensar dos veces antes de ofrecer un vaso desechable.
La Fiscalía Ambiental de Cuernavaca ha puesto el ojo especialmente en el Centro Histórico, donde los operativos de vigilancia están al rojo vivo. La ley apunta a todo lo que contamine las barrancas y ecosistemas locales: popotes, unicel y demás cacharros de usar y tirar. Esto aplica tanto a restaurantes y tienditas como a los vendedores ambulantes que arman su changarro en la calle. ¿La solución? Pasarse a materiales compostables o reutilizables, o prepararse para el sablazo económico.
El objetivo de la Secretaría de Desarrollo Sustentable y las autoridades municipales es claro: reducir la huella de carbono y evitar que los desechos tapen el alcantarillado, un drama recurrente en temporada de lluvias. Wendy Salinas Ruiz, titular de la Fiscalía Ambiental, soltó la verdad sin anestesia a El Sol de Morelos: muchos locatarios se hacen los desentendidos, repartiendo popotes y unicel que tardan más de 500 años en desintegrarse. “Queremos una Cuernavaca libre de contaminantes”, dijo, mientras las multas llueven como confeti.
Así que, comerciantes, mejor vayan buscando alternativas verdes antes de que les toque pagar el precio de no subirse al tren de la sustentabilidad. Porque en Cuernavaca, ser eco-friendly ya no es opcional, es supervivencia pura.


