Estados Unidos acaba de abrir la tienda de caramelos armamentísticos más cara del Golfo, aprobando ventas por 16.460 millones de dólares a Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, que están en plena bronca con Irán. Mientras misiles y drones iraníes llueven como confeti en una fiesta caótica, el Departamento de Estado dijo: «¡Emergencia, a las armas!»
El secretario Marco Rubio, con cara de quien acaba de firmar un cheque en blanco, justificó esta movida express, saltándose al Congreso como un niño que evita la hora de la siesta. Kuwait se lleva el premio gordo: radares de defensa aérea por 8.000 millones de dólares, capaces de rastrear hasta el mosquito más veloz. Emiratos, no se queda atrás, con un radar de largo alcance por 4.500 millones para jugar al «adivina el misil balístico». Pero espera, hay más: sistemas anti-drones por 2.100 millones (porque hasta los juguetes voladores son un dolor de cabeza), misiles aire-aire por 1.220 millones y un kit de actualización para sus F-16 por 644 millones, como si fueran a tunear un coche en un taller de barrio.
Desde que EE. UU. e Israel arrancaron su ofensiva el 28 de febrero, Irán ha estado lanzando todo lo que tiene, obligando a estos países a gastar más en defensa que en un crucero de lujo. Y mientras el Golfo se convierte en un campo de tiro, Rubio parece decir: «Tranquilos, chicos, aquí tienen sus juguetes nuevos».
Así que, ¿quién necesita diplomacia cuando puedes tener un arsenal digno de una película de acción? Esto es menos una estrategia y más un «a ver quién dispara más fuerte». ¡Que empiece el espectáculo!


