Donald Trump, desde su cuartel general en el Despacho Oval, dejó claro este jueves que no piensa enviar tropas a Oriente Medio, ni siquiera para un desfile, en medio del caos con Irán. Durante una reunión con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, el presidente soltó un rotundo: «No voy a enviar tropas a ningún sitio». Con su clásica mezcla de misterio y bravuconería, añadió: «Si lo hiciera, no se lo diría a nadie, pero no lo haré».
Mientras charlaba en la Casa Blanca, Trump insistió en que hará «lo que sea necesario para mantener el precio», dejando a todos preguntándose si hablaba de petróleo, estabilidad o simplemente de su rating de popularidad. Este comentario llega justo cuando Reuters soltó el chisme el miércoles de que Washington podría estar considerando desplegar miles de soldados para reforzar su operación contra Irán. Citando a un funcionario estadounidense y a tres fuentes bien conectadas, la noticia pintó un panorama de botas en el terreno, algo que Trump parece desmentir con la misma energía con la que uno niega haber comido el último pedazo de pastel.
Así que, mientras el conflicto con Irán sigue más caliente que un asado en verano, Trump juega al póker diplomático: no muestra sus cartas, pero asegura que no hay tropas en el horizonte. ¿Es esto una estrategia maestra o solo un bluff para mantener a todos guessing? Con este showman en la Casa Blanca, Oriente Medio sigue siendo el reality más impredecible del momento. ¿Próximo episodio? Solo Trump lo sabe.


