La violencia en México no da tregua ni a los grandes empresarios. En menos de dos semanas, dos figuras del sector agrícola y gasolinero sufrieron ataques brutales. Eduardo Ochoa Arias, platanero de Colima, fue reportado desaparecido el 13 de marzo tras ser interceptado por sujetos armados en Cerro de Ortega, Tecomán. A pesar de las protestas de familiares y amigos exigiendo acción a los gobiernos federal y estatal, su cuerpo fue hallado el 21 de marzo en el mar, cerca de Boca de Apiza, Michoacán. Debido al estado de descomposición, se necesitaron pruebas de ADN para identificarlo.
El segundo caso ocurrió el 24 de marzo en Culiacán, Sinaloa, cuando Arnulfo Aguilar Salazar, gasolinero de 81 años y dueño de Grupo Águila, fue secuestrado por un grupo armado. El hecho sucedió en el boulevard Juan Pablo II, colonia Lomas de Guadalupe, mientras conducía un BMW reciente. Su vehículo quedó abandonado cerca del templo de Nuestra Señora de Guadalupe y la preparatoria Salvador Allende de la UAS. Aguilar es uno de los empresarios más reconocidos del sector de hidrocarburos en el estado.
Estos crímenes se dan en un contexto de extorsión rampante contra empresarios. Según Coparmex, el 46.8% de las empresas sufrieron al menos un delito, siendo la extorsión el segundo más común, en aumento desde 2025, como señaló su presidente Juan José Sierra Álvarez. Colima, cuarto lugar nacional en extorsión con una tasa de 16.8 por cada 100 mil habitantes según el Observatorio Nacional Ciudadano, y Sinaloa, bastión del Cártel de Sinaloa en guerra interna desde 2024, son territorios dominados por el crimen organizado como el CJNG y las facciones de Los Chapitos y Los Mayos.
La violencia no distingue entre cultivos y gasolineras. ¿Hasta cuándo los empresarios podrán trabajar sin temer por su vida?


