¡Donald Trump vuelve a agitar el avispero! El jueves firmó una orden ejecutiva que prohíbe a las compañías contratistas del gobierno de EE. UU. tener políticas internas contra el racismo y el sexismo. Esta medida, que entra en vigor en 30 días, es el último golpe del presidente republicano contra las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI).
Trump y sus seguidores de extrema derecha argumentan que estas políticas dejan fuera a profesionales estadounidenses al priorizar a minorías en contrataciones. Ahora, las empresas que busquen contratos gubernamentales deberán incluir una cláusula de siete párrafos en sus acuerdos, prometiendo no participar en actividades de DEI que consideren “racialmente discriminatorias”. En la orden, Trump se jactó de haber hecho “progreso significativo” para acabar con la discriminación racial en la sociedad, apuntando directo a estas medidas de diversidad. Según él, estas políticas inflan los costos para los empleadores, quienes luego los pasan al gobierno federal al ofertar contratos.
No es la primera movida de Trump contra DEI. Apenas regresó a la Casa Blanca, ordenó cerrar las oficinas de diversidad del gobierno federal y puso en licencia remunerada a los empleados de esos programas. Es como si hubiera decidido desmantelar cualquier iniciativa que huela a inclusión con la misma energía con la que firma cheques.
Esto pinta una batalla campal entre ideologías. Mientras Trump dice combatir la discriminación, muchos ven esto como un retroceso disfrazado de ahorro. ¿Progreso o cortina de humo? La polémica está servida, y las empresas contratistas ya sienten el calor. ¡Que comience el debate, porque esto no se enfría pronto!


