¡Agárrense los sombreros! La presidenta Claudia Sheinbaum soltó en su ‘Mañanera del Pueblo’ que Rafael Marín Mollinedo ya no es el mandamás de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM). Pero no se preocupen, no lo corrieron por jugar mal al Monopoly fiscal, sino que ya tenía su boleto de salida planeado.
Resulta que Marín, desde el arranque, le dijo a Sheinbaum que solo se quedaría un año, como quien acepta un trabajo temporal mientras busca su verdadera pasión. “Me ayudo un ratito y me largo”, básicamente. Y aunque ya se pasó un pelín del plazo, la presidenta no escatimó en halagos: dice que el hombre hizo magia en la recaudación de 2025, dejando las arcas más llenas que un buffet libre en fin de semana. Un aplauso para el mago de las aduanas, por favor.
Ahora, para los que ya estaban armando teorías de conspiración electoral, Sheinbaum aclaró que no, no es por política ni porque Marín haya metido la pata. Al contrario, el tipo es un crack. Simplemente, este quintanarroense se muda a Yucatán, donde seguirá ayudando al gobierno, aunque no quedó claro si como delegado de Bienestar, Gobernación o como embajador de las tortas de cochinita pibil.
Total, Marín Mollinedo cambia de oficina, de clima y de retos. Sheinbaum lo despidió con flores y un “nos vemos en la península”. ¿Será que Yucatán es el nuevo hotspot del poder? Algo me dice que esto es más intrigante que un final de temporada en Netflix.


