¡Despeguen los prejuicios, que Claudia Sheinbaum está en modo piloto! La presidenta salió a defender a Mexicana de Aviación y al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) como si fueran sus bebés consentidos. Según ella, no se trata de hacer billetes a lo loco, sino de llevar a más mexicanos por los cielos a precios que no duelan como un boleto de última hora.
En su discurso, Sheinbaum dejó claro que Mexicana no es una aerolínea cualquiera con sueños de magnate. Su misión es ser la amiga del pueblo, ofreciendo tarifas más suaves que un aterrizaje perfecto, frente a las aerolíneas comerciales que te cobran hasta por respirar en la cabina. “No buscamos ganancias descomunales, sino rentabilidad con corazón”, aseguró, destacando que la empresa estatal equilibra el mercado y no deja a nadie en tierra por falta de presupuesto.
Además, Mexicana vuela a destinos que otras aerolíneas ignoran por no ser “negocio”. ¿Rutas olvidadas? Ahí está la estatal, conectando comunidades como un Cupido aéreo. Y no solo eso, es la reina del AIFA, su base principal, donde Sheinbaum jura que volar con ellos es “una experiencia extraordinaria”. Vamos, más emocionante que encontrar Wi-Fi gratis en un aeropuerto.
Sobre los subsidios, la presidenta no se achica: dice que era parte del plan, un empujoncito inicial. Con solo tres aviones al despegar, ahora tienen siete y el próximo año más, listos para competir. ¿Será Mexicana el Robin Hood de los cielos? Algo me dice que este vuelo tiene más drama que una turbulencia inesperada.


