El secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Jassem Al-Budaiwi, puso el grito en el cielo este jueves ante el Consejo de Seguridad de la ONU, exigiendo que se apruebe el uso de la fuerza para liberar el estrecho de Ormuz. Representando a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait y Omán, denunció que Irán ha convertido esta vía marítima en su patio privado, bloqueando buques comerciales y petroleros, y poniendo condiciones como un guardia de discoteca elitista.
En la primera reunión del Consejo de Seguridad sobre cooperación con el CCG, Al-Budaiwi pidió que la ONU asuma su responsabilidad y adopte medidas para proteger los corredores marítimos, garantizando la navegación internacional. Desde el 28 de febrero, cuando estalló el conflicto con bombardeos de Israel y EE. UU. contra Irán, Teherán casi paralizó Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial y gas natural licuado. El resultado: precios de hidrocarburos por las nubes y una economía global tambaleándose como un borracho en tacones.
Sin embargo, el Consejo de Seguridad está más dividido que un grupo de WhatsApp planificando una cena. Un proyecto de resolución presentado por Baréin, que autoriza a un Estado o coalición a usar «todos los medios necesarios» para desbloquear Ormuz, lleva diez días en debate. Rusia, China y Francia, con poder de veto, se oponen a pesar de cinco revisiones del texto. ¿Acuerdo o veto? Esto parece un reality de negociaciones.
Con el mundo pagando la factura energética, el CCG insiste en que Ormuz no puede seguir siendo el juguete de Irán. ¿Aprobará la ONU la fuerza o seguiremos viendo barcos varados como autos en un embotellamiento eterno? La gasolina no espera, y el drama tampoco.


