Pemex salió a presumir números en febrero como estudiante que aprobó matemáticas por primera vez: producción de gasolinas subió 26.71% y diésel se disparó 79.93%, mientras las importaciones cayeron como promesas de Año Nuevo. Todo muy bonito sobre el papel, excepto por el pequeño detalle del derrame petrolero pintando de negro el Golfo de México.
La petrolera estatal destacó que elaboró 416 mil barriles diarios de gasolina contra 328.3 mil del año pasado, y el diésel pasó de 166 mil a 298.7 mil barriles. Las importaciones de gasolina bajaron 15.54% y las de diésel se desplomaron 62.94%, celebrando avances en soberanía energética mientras Veracruz y Tamaulipas lidian con manchas de crudo flotante. El combustóleo también bajó 23.82% por «compromiso ambiental», ironía que no pasa desapercibida.
Mientras Pemex festeja su Sistema Nacional de Refinación fortalecido, Greenpeace armó operativo ciudadano pidiendo fotos, videos y pruebas del desastre que las autoridades supuestamente minimizan. La organización lanzó convocatoria para documentar afectaciones en comunidades costeras, acusando al gobierno de desacreditar monitoreo independiente y ofrecer cifras «parciales» como menú de restaurant caro.
Greenpeace exige política energética renovable, no más petróleo, y creó sitio web para recolectar firmas digitales convirtiendo ciudadanos en activistas. La Red Corredor Arrecifal del Golfo respalda denuncias sobre intentos oficiales de minimizar documentación del avance petrolero. Pemex celebra récords de producción; el Golfo llora manchas de crudo. Dos realidades paralelas que solo coinciden en el calendario de febrero 2026.


