¡Escándalo en el Pentágono! Un juez federal ha acusado al Departamento de Defensa de hacer un truco digno de un mago de circo barato al ignorar una orden judicial y sacar a patadas a los periodistas acreditados. Todo esto, mientras Pete Hegseth dirige la orquesta y el juez Paul Friedman, desde el Tribunal de Distrito de Columbia, lanza un sermón de 20 páginas más épico que un guion de Hollywood.
Resulta que el Pentágono, en un arranque de creatividad, decidió que las credenciales de prensa eran tan útiles como un paraguas en el desierto. Después de una denuncia de The New York Times, el tribunal ordenó devolver el acceso a los reporteros, pero el Departamento respondió con un “sí, pero no” y restringió el paso a todos. Friedman, más molesto que un crítico en una película de bajo presupuesto, calificó esto de desobediencia pura y dura, violando principios constitucionales. Ahora exige una declaración jurada antes del 16 de abril de un funcionario que explique cómo piensan arreglar este desastre.
La cereza del pastel es la “política provisional” de Hegseth del 23 de marzo, que clausuró el corredor de corresponsales, un lugar sagrado para la prensa, y los mandó a un anexo exterior que parece más un destierro que una oficina. Friedman lo llamó un truco sucio para censurar, advirtiendo que coartar la Primera Enmienda en tiempos de guerra es más peligroso que un spoiler en una serie final.
Total, el juez remató diciendo que esto no es una autocracia, sino una democracia, y que el pueblo no se traga el control de mensajes de la Administración Trump. Cartas de ciudadanos inundaron el tribunal, recordándole a todos que la libertad de expresión no se negocia ni con un café de por medio.


