¡Drama caribeño en alta definición! Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, le dijo a Washington que no se meta en su salsa durante su primera entrevista con una cadena yanqui, NBC. Con la isla bajo un bloqueo económico más apretado que un corsé, Díaz-Canel se plantó firme: no dimitirá por presiones gringas.
La cosa está caliente. EE. UU. apenas deja pasar un chorrito de petróleo y exige una transición política como si fueran los dueños del barrio. Díaz-Canel, con la calma de quien sabe que el ron no se acaba, aseguró que solo renunciará si el pueblo cubano lo considera incapaz, no porque Donald Trump lo mande. “Estados Unidos no tiene autoridad moral para exigir nada”, soltó, como quien lanza un guante en un duelo de salsa. Trump, por su parte, ha fantaseado con “tomar” la isla, mientras su gobierno tilda al régimen cubano de “amenaza” a la seguridad nacional. ¿Un mojito explosivo, acaso?
Marco Rubio, secretario de Estado con raíces cubanas, lidera las negociaciones y ha llamado “incompetentes” a los dirigentes de la isla, aunque niega haber pedido la cabeza de Díaz-Canel. Pero el presidente cubano contraatacó, diciendo que la culpa de la crisis no es suya, sino del bloqueo yanqui que pesa más que un Buick del 59 sin frenos. “No tienen derecho a fingir preocupación por nuestro pueblo”, disparó.
¿Diálogo entre iguales o un baile donde nadie cede el paso? Esto pinta más complicado que armar un dominó con piezas perdidas. Si la cosa sigue así, Cuba y EE. UU. seguirán dándose caña sin llegar a ningún brindis.


