¡Agárrense, que Trump volvió con su juguete favorito: los aranceles! Este viernes, un tribunal comercial de EE. UU. se puso las gafas de juez para revisar si un arancel global del 10% impuesto por el mandamás es legal o solo un capricho más. Spoiler: 24 estados y unas empresitas dicen que no.
Resulta que esta tarifa, vigente desde el 24 de febrero, tiene a muchos viendo rojo, y no precisamente por pasión. En la Corte de Comercio Internacional, tres jueces escucharon los lamentos de Brian Marshall, abogado de Oregón, quien pidió bloquear el arancel antes de que Trump lo renueve como si fuera una suscripción a Netflix. Según Marshall, el presidente está usando una ley de los 70, de cuando el dólar se respaldaba en oro de Fort Knox, para justificar su obsesión con los déficits comerciales. ¿Crisis de balanza de pagos? Más bien parece una excusa para jugar al Monopoly mundial.
Trump, por su parte, defiende su jugada como el pilar de su política exterior en este segundo mandato. Quiere imponer gravámenes sin que el Congreso meta la cuchara, mientras su portavoz, Kush Desai, jura que esto es la solución mágica a que EE. UU. compre más de lo que vende. ¿Será?
Mientras tanto, los estados demócratas y las pequeñas empresas rezan por un milagro judicial. Porque si Trump sigue con esta autoridad “arcaica”, pronto estaremos pagando aranceles hasta por respirar aire importado. ¿Un déficit comercial o un déficit de paciencia? Esto parece una comedia de enredos, pero con impuestos en lugar de risas.


