INEGI revela que el jitomate se volvió más codiciado que el oro: cuesta el doble y arruina presupuestos

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El INEGI soltó la bomba este lunes: para no caer en pobreza extrema en marzo de 2026, necesitas 2,571 pesos al mes en la ciudad solo para comer, o 1,940 en el campo. ¿Quieres lujos como ropa, transporte o no morirte de una enfermedad? Súmale otros dos mil pesos y reza porque no se te antoje un jitomate.

Porque sí, el jitomate se coronó como el villano del año. Su precio explotó 126.3% anual, convirtiéndose en el artículo más influyente de toda la canasta básica. Este fruto rojo explica el 41.1% del encarecimiento rural y el 28.8% del urbano. Básicamente, casi la mitad del drama alimentario en el campo tiene nombre y apellido: jitomate bola, saladette o el que sea. A este paso, comer salsa va a requerir crédito hipotecario.

En las ciudades, el segundo culpable es salir a comer fuera: desayunos, comidas y cenas subieron 7.1% anual. Comer en fondas ya no es plan económico, es inversión de riesgo. Mientras tanto, la canasta alimentaria creció 8.4% anual en zonas urbanas y 9.9% en rurales, muy por encima de la inflación general de 4.6%. Los alimentos básicos suben al doble de velocidad que todo lo demás, golpeando más duro a quienes ya gastan casi todo en comer.

Sumando gastos no alimentarios como transporte, educación y cultura —porque vivir no es solo tragar—, el costo total creció 6.1% anual en el campo y 5.6% en la ciudad. El INEGI ahora maneja estas Líneas de Pobreza desde julio de 2025, heredando el termómetro que antes llevaba el Coneval. ¿Moraleja? El jitomate está más inflado que promesa electoral, y tu cartera lo siente.

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