México crecerá más de lo esperado en 2026, pero ese logro viene con trampa: inflación más alta que promesas de político en campaña. Petya Koeva, subdirectora de investigación del FMI, elevó la previsión de crecimiento de 1.5% a 1.6% tras un 2025 más sólido de lo anticipado, mejora tan modesta que casi necesita lupa para verse pero oficialmente cuenta como buena noticia.
La inflación, sin embargo, decidió arruinar la fiesta alcanzando 3.9%, muy por encima del 3.3% proyectado en enero. Energéticos encarecidos y presión inflacionaria interna explican la diferencia, traducción: gasolina cara y todo lo demás también porque la economía mexicana es solidaria en el sufrimiento.
Tres factores explican el mejor panorama: remesas récord que sostienen consumo interno como abuelita sostiene familia disfuncional, nearshoring que sigue atrayendo inversión porque empresas prefieren México a China cuando Trump hace berrinche, y gasto público robusto porque construir infraestructura requiere dinero impreso con entusiasmo patriótico.
Koeva recomendó a Banxico identificar con precisión el origen de presiones inflacionarias antes de reaccionar, básicamente «esperen, observen y midan» antes de subir tasas nuevamente, consejo tan útil como decirle a bomberos «analicen primero qué tipo de fuego es». Eso sí, si Banxico decide endurecer política monetaria, tendrá respaldo del FMI para hacer sufrir más a los hipotecados.
Sobre revisión del T-MEC, Koeva reconoció que incertidumbre está frenando inversiones. Renovar el acuerdo reduciría incertidumbre y permitiría a empresas planificar con certeza, revelación tan obvia que merece premio Nobel a decir lo evidente.
El FMI reiteró recomendaciones de siempre: fortalecer Estado de derecho, cerrar brechas en infraestructura, simplificar regulaciones. El balance para México es favorable pero frágil: crece más, sí, pero tu cartera seguirá sangrando en el súper.



