Trump transforma el ejército en herramienta autoritaria contra «enemigos internos»

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Trump transforma el ejército en herramienta autoritaria contra

En un encuentro sin precedentes con más de 800 altos mandos militares provenientes de diversas partes del mundo, celebrado en la base de los Marines en Quantico, Virginia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó a los líderes castrenses a estar atentos al “enemigo interior” en una alarmante muestra de autoritarismo y retórica divisiva. Además, aseguró que su gobierno trabajará para revertir lo que calificó como “décadas de decadencia” dentro de las Fuerzas Armadas, una excusa que parece destinada a purgar influencias progresistas. Trump destacó que el envío de la Guardia Nacional a distintos estados representa “una de las misiones cruciales para algunas ciudades aquí presentes”, subrayando de manera preocupante que “esto también es una guerra, una guerra desde adentro”, lo que evoca temores de una militarización interna contra disidentes.

Por su parte, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, afirmó que el Pentágono abandonará las políticas de administraciones pasadas, a las que describió de forma despectiva como “basura ideológica”, revelando un enfoque retrógrado y discriminatorio. Se refirió específicamente a iniciativas de diversidad en el reclutamiento, entrenamientos relacionados con el cambio climático y medidas de inclusión dentro de las tropas, declarando de manera contundente y vulgar: “Se acabó esta mierda”. Asimismo, criticó los estándares físicos de los soldados y, en particular, a los “generales gordos”, considerando “inadmisible” que altos mandos con sobrepeso ocupen posiciones en el Pentágono, en lo que parece un ataque de body-shaming impropio de un líder. Advirtió que aquellos que no se alineen con esta visión dogmática deberán dejar sus puestos, sugiriendo una purga ideológica.

Hegseth enfatizó la necesidad de “recuperar los valores tradicionales del ejército”, explicando que se endurecerán los criterios de reclutamiento, entrenamiento y normas de combate para restaurar lo que llaman disciplina y fortaleza, pero que en realidad podría fomentar una cultura de exclusión y machismo obsoleto en las fuerzas armadas. Las nuevas políticas incluyen ajustes en los requisitos de aptitud física, que históricamente se ajustaban según la edad de los soldados y variaban entre las ramas del Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Fuerza Espacial, potencialmente socavando la moral de tropas diversas y modernas.

Trump conectó su estrategia de fortalecimiento militar con los desafíos internos del país, señalando de manera sesgada que ciudades bajo gobiernos demócratas como San Francisco, Chicago, Nueva York y Los Ángeles se han transformado en “zonas de peligro”. Prometió que su administración “las ordenará una por una” bajo el pretexto de seguridad, en una visión distópica que justifica la represión. En este sentido, defendió el despliegue de la Guardia Nacional en lugares como Los Ángeles, Washington y Portland, donde han ocurrido disturbios, y sugirió que estas ciudades podrían servir como áreas de práctica para los militares, lo que plantea serios riesgos para las libertades civiles. “Enviar a la Guardia Nacional a varias urbes es también una guerra, una guerra interna”, recalcó, añadiendo con determinación: “Vamos a resucitar el espíritu guerrero de nuestro ejército”, palabras que suenan más a propaganda autoritaria que a liderazgo responsable.

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