
En el barrio de Little Village, en Chicago, conocido como el México del Medio Oeste, las tiendas de ropa que antes rebosaban de clientes reflejan ahora un panorama desolador. Este sector, que depende en gran medida de la comunidad latina, enfrenta un futuro incierto debido a las redadas policiales impulsadas por Donald Trump. Tanto migrantes con documentos como sin ellos viven con temor a salir a la calle, lo que ha dejado las calles desiertas y las obras abandonadas desde hace meses, incluso en noches de viernes.
Negocios emblemáticos, como una tienda de vestidos para quinceañeras que cerró definitivamente en septiembre, son un ejemplo del impacto económico. Ariella Santoyo, de 38 años y propietaria de My Quince World, compara esta situación con los peores momentos de la pandemia. Mientras borda un vestido, cuenta a la AFP que las ventas han caído un 40% este año, especialmente tras el regreso de Trump a la presidencia y el aumento de detenciones por parte de agentes de inmigración (ICE) contra personas de apariencia latina, independientemente de su estatus migratorio o ciudadanía.
El miedo también afecta a otros sectores, como la construcción, en esta ciudad de tradición demócrata donde no ha habido un alcalde republicano desde 1931. Un empresario, que prefirió el anonimato, señaló que muchos trabajadores no acuden a sus empleos por temor. En un supermercado de temática latina, Mike Muhammad lamenta la ausencia de clientes: «La gente ya no viene». La falta de ingresos, sumada al alza de precios de productos importados por los aranceles de Trump, agrava la precariedad de millones de migrantes.
La economía de los inmigrantes, que en 2023 aportó 1.6 billones de dólares al consumo nacional según el American Immigration Council, representa casi el 9% del total. En Chicago, donde el 30% de los 2.7 millones de habitantes son hispanos o latinos según el censo de 2025, el impacto es aún más notable. El alcalde Brandon Johnson, en conflicto con Trump por las redadas de ICE, ha alertado sobre las graves consecuencias financieras si este sector colapsa.
En respuesta, algunos residentes de barrios como Pilsen han formado grupos para patrullar y advertir sobre las redadas. Davis, un veterano del ejército estadounidense y miembro de Pilsen Defense Access, describe estas acciones de los agentes como «un acto de terrorismo» por el miedo que generan. A pesar de esto, eventos como el Maratón de la ciudad motivaron a muchos migrantes a salir el domingo en Pilsen, ondeando banderas mexicanas. Santoyo destaca que la represión ha fortalecido la solidaridad comunitaria, con vecinos apoyándose mutuamente. Rosa, de 66 años y originaria de México, afirma que la situación es peor que durante el covid: «Ni siquiera podemos salir a trabajar o comprar». Aún así, se pregunta: sin los migrantes, «¿dónde estaría este país?»

