
¡Drama en Tierra Santa! Donald Trump soltó una bomba el 23 de octubre en una entrevista con la revista Time, advirtiendo que Israel perderá todo el apoyo de Estados Unidos si anexa Cisjordania. Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio anda por Israel jugando al pacificador, intentando apuntalar un cese al fuego en Gaza más frágil que un castillo de naipes.
Trump fue claro como el agua de un oasis: “No sucederá porque di mi palabra a los países árabes”, dijo el 15 de octubre. Si Israel insiste, adiós al respaldo yanqui. Rubio, “confiado y optimista” sobre la tregua vigente desde el 10 de octubre, admite que hay “desafíos” mientras el Parlamento israelí analiza dos proyectos de ley para anexar Cisjordania, ocupada desde 1967. Tanto Rubio como el vicepresidente J.D. Vance, quien visitó Israel esta semana, se opusieron tajantemente a estas iniciativas, al igual que Trump. Netanyahu, cuya coalición depende de la extrema derecha que impulsa la anexión, vio cómo su oficina tildaba el voto parlamentario de “provocación deliberada”. ¡Es como un culebrón político con más giros que un shawarma! Arabia Saudita y otros países árabes también condenaron los proyectos, echando más leña al fuego.
En Gaza, la cosa no pinta mejor. La OMS alerta que el hambre sigue “catastrófica” pese a la tregua, y Hamás se niega a desarmarse, retomando zonas y enfrentándose a supuestos “colaboradores”. Además, desminar Gaza podría tomar de 20 a 30 años, según Humanity & Inclusion. ¡Un campo de minas literal!
En fin, mientras Trump pone ultimátums y Rubio hace malabares, Cisjordania es la patata caliente del momento. ¿Lograrán evitar el desastre o será otro episodio de caos internacional? ¡A seguir sintonizados!

