
¡Tremendo chisme internacional! Este viernes, Estados Unidos lanzó sanciones contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y su ministro del Interior, Armando Benedetti, acusándolos de no ponerle freno al tráfico de drogas. Es como si el Tío Sam hubiera dicho: “¡Se acabaron las excusas, muchachos, hora de apretar el cinturón!”.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló en un comunicado que Petro ha dejado que los cárteles florezcan como jardín en primavera, mientras Donald Trump, con su clásica sutileza de bulldozer, promete proteger a su nación de esta marea narco. Las medidas, cortesía de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC), bloquean cualquier propiedad que Petro, su esposa y uno de sus hijos tengan en suelo estadounidense, además de cortarles el acceso a transacciones internacionales con medios de pago gringos. Vamos, es como quitarles la tarjeta de crédito en un Black Friday.
Petro no se quedó callado y respondió en X que lleva décadas luchando contra el narcotráfico con eficacia, solo para recibir este golpe del país al que, según él, tanto ayudaron a reducir el consumo de cocaína. “Ni un paso atrás y jamás de rodillas”, remató, con más drama que un final de telenovela. Benedetti, por su parte, soltó un “Gringos go home” en la misma red, como si estuviera echando a un vecino molesto de la fiesta.
Mientras tanto, nos preguntamos: ¿es este el inicio de una guerra diplomática o solo un malentendido con cafeína? Que alguien prepare un tinto bien cargado, porque este culebrón entre Washington y Bogotá promete más episodios que una saga de Netflix.

