
¡Agárrense los sombreros, marineros de agua dulce! El Canal de Panamá acaba de soltar una bomba de 2,600 millones de dólares para construir dos puertos nuevecitos, Corozal y Telfers, y pasar de 9.5 a 15 millones de contenedores al año para 2029. ¿La meta? Ser los reyes del barrio marítimo antes de que la competencia regional les robe el almuerzo.
La Autoridad del Canal de Panamá (ACP), liderada por tipos como Víctor Vial, está jugando al Monopoly con esteroides. Quieren adjudicar contratos antes de 2026 y ya tienen a gigantes como Cosco Shipping, PSA International y Maersk haciendo fila para meterse en el negocio. Mientras tanto, los puertos actuales de Balboa y Cristóbal, operados por Hutchison Holdings de Hong Kong, están en un limbo más confuso que una telenovela. Hutchison quiere vender su parte a un grupo con BlackRock, en un trato de 22,800 millones de dólares que tiene a Donald Trump aplaudiendo y a China frunciendo el ceño. Y por si fuera poco, la Corte Suprema panameña podría anular la concesión de Hutchison. ¡Un circo de tres pistas!
Pero la ACP se lava las manos: “Esto no es nuestro drama, nosotros solo queremos más espacio para contenedores”, dicen, mientras planean gastar 8,500 millones en la próxima década en puertos, gasoductos y embalses. El Canal, que mueve el 5% del comercio mundial entre Estados Unidos y China, no puede quedarse atrás. Construido en 1914 y panameño desde 1999, es como el abuelo que sigue levantando pesas.
Así que, mientras los grandes jugadores se pelean por el pastel, Panamá dice: “Si no crecemos, nos hundimos”. ¿Será este el inicio de un imperio marítimo o un fiasco más grande que el Titanic? Solo el tiempo, y unos cuantos millones, lo dirán. (Palabras: 260)

