
Si creías que tu drama de oficina era intenso, imagina vivir en Gaza, donde el alto el fuego mediado por Estados Unidos se tambalea como un mal chiste. Israel atacó el miércoles un depósito de armas en Beit Lahia, norte de Gaza, asegurando que ahí se planeaba un «ataque terrorista inminente». ¿Resultado? Dos palestinos muertos, según el hospital Al Chifa.
La noche anterior fue un infierno: 104 personas, incluidos 46 niños y 24 mujeres, fallecieron en bombardeos, reporta la defensa civil de Hamás. Todo empezó tras la muerte de un soldado israelí, Yona Efraim Feldbaum, en Rafah el martes. Israel respondió con furia, neutralizando a 30 militantes y eliminando «decenas de comandantes de Hamás», según el ministro de Defensa, Israel Katz. Mientras tanto, Hamás jura que no tuvo nada que ver con el incidente y retrasa la entrega de restos de rehenes, complicando más el asunto. ¿Recuerdan el ataque del 7 de octubre de 2023? Dejó 1.221 muertos en Israel y desató una ofensiva con 68.643 víctimas en Gaza, según cifras oficiales.
Dentro de Gaza, la desesperación reina. Khadija al Husni, del campamento Al Shati, dice que sus hijos no duermen, pensando que la guerra había terminado. Jalal Abas, de Deir el Balah, acusa a Israel de inventar excusas y a Trump de tragarse el cuento. Hasta la ONU, con Antonio Guterres y Volker Turk, implora que la paz no se escape.
Así que, mientras el mundo pide calma, Gaza sigue atrapada en un ciclo más enredado que un culebrón. ¿Alto el fuego? Más bien parece un «alto, pero solo si me da la gana».

