
Imagina a Claudia Sheinbaum como una coleccionista de antigüedades astuta, invitando a Emmanuel Macron a México el 7 de noviembre para un trueque diplomático que huele a aventura de Indiana Jones versión low-budget. En su «Mañanera del Pueblo» este jueves, confirmó la visita oficial, enfocada en fortalecer lazos culturales, económicos y diplomáticos, pero con el ojo puesto en repatriar el códice Borgia y otro manuscrito prehispánico que Francia guarda como trofeos. «Sí, viene Macron. Nos interesa mucho por unos códices que queremos que lleguen a México», soltó, priorizando el patrimonio histórico sobre todo lo demás.
Macron llegará con una delegación de empresarios, listos para reuniones con el sector privado mexicano y potenciar relaciones bilaterales. Sheinbaum adelantó una conferencia conjunta, aunque la agenda se ajusta aún por la «visita muy breve». Es la primera reunión bilateral bajo su administración, celebrando 200 años de relaciones México-Francia. El códice Borgia, solicitado por la comunidad del Valle del Mezquital, sirve como instrumento calendárico y ritual, crucial para la ceremonia de atadura de años en 2027, un evento sagrado para pueblos originarios. Las autoridades mexicanas lo ven como pieza clave para reconectar con raíces prehispánicas, evitando que siga acumulando polvo en museos extranjeros.
Mientras, uno se pregunta si esta diplomacia es un intercambio cultural genuino o solo un meme de superpotencias negociando reliquias como en un bazar global. Sheinbaum enfatiza que el «interés mayor» son los códices, dejando las charlas económicas como aperitivo.
Al final, esta cita parece un chiste adulto sobre vecinos históricos: ¿regresarán los códices a casa, o Macron se irá con solo selfies y promesas? Como un vino francés en una taquería, esperemos que mezcle cultura con menos drama, porque nadie quiere un bicentenario con resaca diplomática.

