
¡Atención, viajeros en busca del sueño americano! La gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, ha puesto el cartel de “No hay vacantes” en la frontera. Con los cruces cerrados y los programas de atención suspendidos en EE. UU., como el CBP One, les pide a los migrantes que no vengan al estado. ¿Será Chihuahua el nuevo club exclusivo con lista de espera?
Campos Galván fue clara como tequila en vaso de shot: “Chihuahua no es un santuario”. En un contexto donde Washington ha apretado las tuercas contra el ingreso irregular, ciudades como Ciudad Juárez están más saturadas que un antro en sábado por la noche. La gobernadora advirtió que la infraestructura local no da para más, incapaz de atender a las multitudes varadas que buscan cruzar al vecino del norte. Sin embargo, prometió ayuda humanitaria si se solicita, como quien ofrece un paracetamol tras una fiesta épica.
El drama se intensificó tras un trágico accidente este martes, cuando un tráiler con destino a Ciudad Juárez volcó, dejando seis migrantes fallecidos y dos heridos. Organizaciones civiles ya venían gritando que los albergues están a reventar y los riesgos, desde el crimen organizado hasta traficantes, son más altos que un mal chiste en una boda. Mientras, los cierres intermitentes de cruces y operaciones ferroviarias afectan tanto a migrantes como al comercio local.
En resumen, Chihuahua está en un aprieto más grande que un taco sobrecargado. Campos Galván insiste en desincentivar llegadas masivas mientras no haya condiciones seguras. ¿Logrará su mensaje calar, o seguirá la frontera siendo el epicentro de un reality humanitario? ¡Que alguien traiga palomitas!

