
Lo que una vez fue un paraíso de modernidad en el Caribe mexicano, hoy enfrenta un problema que podría mandar a Tulum directo a la lista de destinos “mejor evita”. La calle Juanek, una arteria clave que conecta las avenidas Cobá y Kukulkán, ha sido invadida por particulares que, según denuncias de vecinos y comerciantes, venden o rentan secciones de la vía pública. Desde marzo, esta ocupación ilegal bloquea el paso de personas y vehículos, afectando la movilidad en una zona vital para residentes y turistas.
A pesar de múltiples denuncias formales, el Ayuntamiento de Tulum no ha movido un dedo para liberar el espacio, lo que ha levantado sospechas de posible colusión con los invasores, quienes se estarían llenando los bolsillos. “Esto es inseguridad y un freno al desarrollo. ¿Quién invertiría donde las calles se toman sin consecuencias?”, lamentan los afectados. La inacción municipal ha llevado a la ciudadanía a exigir la intervención de la gobernadora Mara Lezama y el presidente municipal Diego Castañón, pidiendo también transparencia al secretario Johnny Monsreal.
Este caos se suma a otros males que empañan Tulum: cobros abusivos en playas, precios desorbitados, agresiones de taxistas y maltrato a turistas. La invasión de calles no solo viola el derecho al libre tránsito, sino que ahuyenta inversión y pone en jaque el desarrollo sostenible. Los residentes advierten que, sin acción urgente, Tulum podría perder su magia.
La exigencia es clara: los tres niveles de gobierno deben actuar ya. Porque, seamos sinceros, un destino de ensueño no puede permitirse calles convertidas en tianguis ilegales. ¿Salvarán a Tulum o será un paraíso perdido?

