
En un giro que parece sacado de una novela de corrupción, elementos de la Fiscalía del Estado de México detuvieron a Tomás “N”, ex Director de Administración del Tribunal de Justicia Administrativa del Estado de México (TRIJAEM). Según el comunicado oficial, se le cumplimentó una orden de aprehensión por su probable participación en el delito de abuso de confianza, en perjuicio del órgano autónomo.
La acusación no es poca cosa: Tomás “N”, en complicidad con otros sujetos, habría realizado transferencias bancarias por la astronómica cifra de 32 millones 482 mil 330 pesos con 9 centavos. ¿Cómo lo hizo? Aprovechando la confianza y las responsabilidades de su cargo, utilizó dispositivos electrónicos para manejar la cuenta del TRIJAEM y enviar los recursos a diversos destinatarios. Vamos, que se sintió como el rey del Monopoly, pero con dinero de verdad y consecuencias reales.
La Fiscalía continúa investigando los hechos, y aunque la información sigue en desarrollo, este caso ya huele a uno de esos escándalos que alimentan conversaciones de sobremesa por meses. Porque, seamos sinceros, desviar más de 32 millones no es un error de contabilidad que se arregle con una disculpa y un café. Es un golpe directo a la confianza en las instituciones.
Mientras las autoridades desentrañan el resto de esta red, queda claro que el TRIJAEM necesita más que un cambio de contraseña en sus cuentas. ¿Cuántos más estarán involucrados? ¿Y a dónde fue a parar tanto dinero? Por ahora, Tomás “N” está tras las rejas, pero la historia promete más capítulos de este culebrón financiero.

