
Ángel Salazar, estudiante del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Queen Mary University of London, denunció en un video en Instagram que la Fundación Politécnico lo dio de baja de su beca para un doctorado en el Reino Unido tras reportar acoso académico por parte de su supervisor. Obtuvo la beca en 2023 con apoyo de la Fundación, el IPN y la universidad británica, pero desde el primer año enfrentó abuso que afectó su salud mental, causándole depresión y ansiedad.
“Sufrí acoso académico que dañó profundamente mi salud mental. Empezó sutilmente y escaló. Busqué ayuda psicológica y denuncié a mi agresor”, relató. La universidad investigó, halló evidencia del acoso y le ofreció cambiar de supervisor, lo que implicaba perder un año de trabajo al iniciar un nuevo proyecto. Aunque informó a la Fundación Politécnico sobre la situación, fue ignorado y revictimizado. “Me suspendieron la beca desde mayo sin notificación formal. Presenté evidencia, pero resolvieron darme de baja sin apelación”, afirmó.
A pesar del reconocimiento académico de la Queen Mary, que intentó revertir la decisión, la Fundación no respondió. Salazar ahora enfrenta el riesgo de perder su visa de estudiante por no poder cubrir colegiaturas, sin respaldo institucional y con amenaza de ser considerado deudor. “Me siento devastado pese al esfuerzo y amor por mi doctorado”, confesó, pidiendo apoyo para difundir su caso.
Porque, seamos sinceros, dejar a un estudiante a la deriva tras denunciar acoso es como castigar a la víctima en lugar del agresor. ¿Rectificará la Fundación o seguirá ignorando a Salazar? Su futuro pende de un hilo.

